La verdad es que te extraño. Quizás esté pasando por una etapa denominada "duelo". No estudié psicología, pero he leído varios libros sobre el tema, y al parecer este asunto del duelo conlleva ciertas etapas. Algunos textos sugieren que son tres, mientras que otros afirman que son cinco. Me quedo con la segunda y leo nuevamente: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Yo, en ambos casos, estoy en la primera etapa: Negación. Y es que SÍ, me niego a perderte. Aún espero que regreses. Espero, espero, espero y te esperaré lo que sea necesario. Te esperaré para mi próximo cumpleaños. Me quedo despierta por las noches, esperando a que suenen las escaleras, a que la ventana de mi cuarto haga tink tink y yo me levante de la cama, así haga 0° afuera, así esté lloviendo, así esté con la regla, así te putee mentalmente. Siempre me levanto. Siempre estoy para ti.
Wow, qué difícil se me hace escribir. Apenas me doy cuenta que estoy en estado de duelo. Nunca antes lo había experimentado, quiero decir, de una manera verdaderamente notoria. El duelo puede presentarse debido a diversas causas, aunque todas tienen una misma raíz: La pérdida de algo/alguien. Por la pérdida de alguna oportunidad (de todo tipo, un puesto de trabajo, por ejemplo), pérdida de algún objeto preciado, animal o ser humano. En fin, se supone que esta pérdida mayormente nos duele y nos entristece porque no vamos a recibir lo que esperamos o lo que cotidianamente recibimos, ya sea el afecto de alguien, su sonrisa, etc.
En mi caso es bastante simple: Me siento vacía por algo que muchos señalarán como estúpido. Mi gata se perdió. Se fue y no regresó. Estoy de duelo por Boris.
No me equivoco. Es de sexo femenino y tiene nombre de macho, macho bien macho, súper macho, requete macho. Boris. ¿Cómo es posible que una persona se pueda encariñar tanto con un "animalito"?. O sea, que se muera tu amigo, tu novio, tu padre... Es comprensible que te deprima incluso. Es una gran pérdida. Pero, vamos... un gato, ¿¡un gato!?. Sí, efectivamente. El problema es que yo no me encariñé. El problema es que me desvivía/desvivo por Boris. Su nombre para mí significa tantas cosas. Amor. Paz. Placer. Alegría. Sentimiento. Felicidad. Brincos. Dulzura. Cantos. Lectura. Muecas.
Mi cuarto da al patio trasero de mi casa, que da a la ventana del cuarto del hijo del vecino (sí, un hijo del vecino, literalmente hablando). Yo escuchaba ruidos, por las noches... Ruidos provenientes del patio trasero. Muchas cosas cruzaban por mi mente. Fantasmas. Espectros. Almas en pena. Corrí la cortina y vi una sombra. Me asusté muchísimo. Mi corazón se detuvo unos instantes y le vi. Vi un gato blanco ahí. Salí, lo miré y eso fue todo... O al menos, eso creí. Al día siguiente, regresó, y decidí adoptarlo. Le arrojaba pedazos de hot dog, y sobras de carne. Lo miraba, sin acariciarlo (Sólo Dios sabía de dónde habría venido el bendito animal), pero lo miraba, más bien, lo admiraba con un amor único. Luego regresó. El día siguiente, y el siguiente y el siguiente. No pude ocultarlo, mis papás me descubrieron cuidando al gato y me dijeron que si yo me ocupaba de él, todo perfecto. Así lo hice, me ocupé de Boris. Se quedó. Engordó. Parió gatitos.
Al final, Boris resultó no ser tan Boris. Resultó ser ella y no él. Dio cinco gatitos, de los cuales sólo sobrevivieron tres. Recuerdo ese día. Fue genial verla con gatitos. Era una madre celosa y una hija engreída. Era MI engreída. La amé, la amo. Cuando estaba triste, le leía. Cuando estaba feliz, le cantaba. Cuando me sentía mal, me escuchaba y me miraba, cómplice. La abrazaba, se acurrucaba en mi regazo y no nos importaba que afuera hiciera un frío de mil demonios. Sólo nos importaba darnos calor la una a la otra.
Pero se fue. Siempre se va, a hacer sus necesidades a otro lugar, no sé dónde. Se fue y no regresa. Y la extraño, y me duele. Me duele no verla. Me duele no poder estar con el único ser con quien podía compartir mis cosas sin que me juzgue, sin que me maltrate. La extraño, y me duele extrañarla, pero no conozco otra forma de afrontar la situación. Estoy triste y no me importa. Así es, y punto. Estoy triste por Boris. Y la esperaré, la seguiré esperando. ¿Qué se supone que haga con tus gatitos? (De los cuales ya se perdió uno, por cierto).
Ayer me quedé 5 horas en el patio trasero mirando las paredes. Esperando que Boris venga y brinque de nuevo, como siempre, como si nunca se hubiera marchado. No viniste. Te seguiré esperando, ¿sabes?. Te esperaré, te esperaré hoy, mañana, la próxima semana... Te esperaré hasta que ya, de viejita, decidas volver. Ese día te abrazaré y sonreiré de nuevo.
Al final, Boris resultó no ser tan Boris. Resultó ser ella y no él. Dio cinco gatitos, de los cuales sólo sobrevivieron tres. Recuerdo ese día. Fue genial verla con gatitos. Era una madre celosa y una hija engreída. Era MI engreída. La amé, la amo. Cuando estaba triste, le leía. Cuando estaba feliz, le cantaba. Cuando me sentía mal, me escuchaba y me miraba, cómplice. La abrazaba, se acurrucaba en mi regazo y no nos importaba que afuera hiciera un frío de mil demonios. Sólo nos importaba darnos calor la una a la otra.
Pero se fue. Siempre se va, a hacer sus necesidades a otro lugar, no sé dónde. Se fue y no regresa. Y la extraño, y me duele. Me duele no verla. Me duele no poder estar con el único ser con quien podía compartir mis cosas sin que me juzgue, sin que me maltrate. La extraño, y me duele extrañarla, pero no conozco otra forma de afrontar la situación. Estoy triste y no me importa. Así es, y punto. Estoy triste por Boris. Y la esperaré, la seguiré esperando. ¿Qué se supone que haga con tus gatitos? (De los cuales ya se perdió uno, por cierto).
Ayer me quedé 5 horas en el patio trasero mirando las paredes. Esperando que Boris venga y brinque de nuevo, como siempre, como si nunca se hubiera marchado. No viniste. Te seguiré esperando, ¿sabes?. Te esperaré, te esperaré hoy, mañana, la próxima semana... Te esperaré hasta que ya, de viejita, decidas volver. Ese día te abrazaré y sonreiré de nuevo.
1 comentario:
Hola, mi nombre es Boris y si, doy fe de haber visto tu modo de cuidarme, de cómo me mimaste y de cómo siempre me leías o me cantabas, no te preocupes por mi estoy perfectamente bien y no debes asustarte por mí, regresare, solo déjame recordar el camino a casa, ¿por favor? Es lo que siempre dicen los humanos, ¿verdad? Por favor.
Vamos señorita, no le moleste, no estaremos tan viejitas como para que nuestros huesitos se rompan al abrazarnos, yo también te extraño y pienso que…pienso…pienso que los muros son demasiado altos y que tengo que buscar otro modo para saltarlos, vamos…no puede ser más difícil que escapar a los perros o a los coches, además siempre es de noche.
Pásala bien, yo ando medio parrandeando por ahí, conocí un gato gordo, feo, callejero y gatuno, si, como decías vos siempre que querías que tenga un novio de la alta pero… ¿ya ves? Tanto vos como yo elegimos algo que no tiene “clase”, y yo bueno…me perdí del camino de casa por él, pero prometo volver, creo que con el tendré unos cuantos gatitos e iré a dejarlos con vos, porque eres la mejor dueña/amiga/confidente/madre/amante/abuela de todas las que me pudieron haber tocado y ciertamente estoy superrequetearchi mega feliz de estar con vos, aunque como te dije…los muros son muy altos.
Además… ¡prometiste que iban a haber más noches de radio! ¡Y yo quiero más radio! Quiero estar con vos escuchando música, esa música rara que siempre pedias o que te pasaban… miau miau (entiéndase como guiño guiño) que en realidad pasaban cierta personita, por lo demás, yo acabo de hablar con él, estuve tomando unos mates y como era normal, me atontaba con esa voz ronca que tiene pero que tanto me calma, ¿a vos nunca te calmo? Tienes que aprender a escucharla entonces Mari.
Como sea, te extraño muchísimo, ya voy a encontrar el camino a casa, le dije a este locutor de radio con quien hable recién que confíes en él y que cuando te dice que volveré y…si, me asuste tanto o más como vos, me dijo que de haber podido me abría ido a buscar el mismo y... ¿Qué es castrar? La verdad, no lo quiero saber, pero suena feo feo…
Muchos miauses para vos mi bella dueña/amiga/confidente/madre/amante/abuela, no te asustes por mí, no debes de creer que me haya pasado nada malo es solo que, como te dije…los muros son altos, pero soy un gato, según lo que dicen todos, algo así como un ángel que maúlla, voy a volver en cuanto menos te lo esperes, digamos que deje otros dos angelitos con vos, están con vos, es decir…no puedo irme, voy a volver, me van a salir mis alitas angelicales nuevamente y con a aparecerme por ahí con mi “tink tink”, te lo prometo en serio mi querida dueña/amiga/amante/confidente/madre/abuela, yo mientras seguiré escuchando de vez en vez ese relator… ¡hay! Dile a ese locutor que tanto me hacia dormir a veces que se ponga unas canciones, prométeme eso y entonces hare “tink tink” con mis patitas para ti de nuevo…
Te adoro/amo/quiero.
Boris
Publicar un comentario