04 marzo 2012

Un lunar y varias pecas

Y no me interesaba ni una sola cosa, ni un sólo defecto, ni una sola palabra. No me interesaba nada. Era mi primer novio y mi primer beso y sí, estaba tan orgullosa de que lo sea. Tanto, que a veces, y sólo a veces dejaba que me tome la mano en los recreos. Tenía el primer lugar en el salón, y por ende, una reputación que cuidar... Aunque últimamente me pregunto en qué falla mi reputación si tengo a alguien a mi lado a quien le puedo sostener la mano. Concepciones erróneas.




Su gran peculiaridad no es un pecado. No es nada, en realidad. Nunca me dio vergüenza decirlo, aunque algunas veces cuando lo cuento a los demás, se sonríen. No sé si en tono burlón o porque, justamente, es peculiar. La única observación que tenía el pobre era tener hermanos. Idénticos. Iguales a él. Trillizos.

Antes de estar con él, agarraditos de la mano... Antes de gustarme siquiera, yo me burlaba. Sí, señores. Era una niña de doce años mofándome de mi compañero de carpeta sólo por ser el mejor alumno del aula. Sólo por ser trillizo. Sólo porque no me caía bien. Y decía "Qué risa [...] Me imagino a su novia, llegando al altar, repitiendo las palabras del sacerdote y, ya casi finalizando, sin saber a cuál de los tres besar. ¡QUÉ RISA!". Y sí, me parecía monstruosamente cómico y me reía hasta que me doliera el vientre.

Y luego vino el karma. No creo específicamente en el karma. O sea, creo 'cuando me conviene'. Creo cuando alguien me ha hecho algo malo y yo me asomo a la ventana esperando a que lo atropelle un bus. "Karma es karma". Pero si yo me como la última porción del pastel que quedaba y lo habían estado guardando al nonno, o si uso las cadenitas de mi hermana sin su permiso y las pierdo... Bueno, espero que el Señor Karma se apiade de mí. Pero ese es otro tema, de otro post.

Entonces un día él me envió un papelito y yo estaba entusiasmada. En primer lugar, porque el cambio de un colegio de puras niñas a uno mixto había sido todo un rollo para mí (Aunque sólo duré dos años en ése colegio y luego me regresaron al antiguo). En segundo lugar, porque ningún chico me hablaba TANTO como para enviarme papelitos (nunca, nadie, never in the life). Sólo lo básico: Hola. ¿Tienes lápiz?. Préstame tus cuadernos. Y punto. Nada más. Lo indispensable y sanseacabó. Ese papelito era DEMASIADO intrigante. "Quédate en el salón en la salida. Quisiera conversar contigo".

Qué lindo. Ahora que lo escribo y lo pienso, me parece lindo. Y tierno, de pasada. Una chica se sentó a mi lado y me comenzó a hablar de él como si fuera un producto de belleza, o, mejor aún, como si fuera una planta curativa: Todas las bondades y poderes especiales que le hacían bien a mi estado físico, psicológico y, desde luego, sentimental. Pero a mí no me importaba hablar de él. A mí, lo que me importaba en ese mismo instante era saber quién rayos había enviado el bendito papel, porque, para variar, sólo me lo habían alcanzado. No me habían dicho "Te lo manda tal" o "Respóndele a él". No. Y bueno, yo no preguntaba. Era la nueva.

Luego me di cuenta que hablaba de él porque el papelito era de él. Me tomó un rato analizarlo y otro rato entender el por qué lo promocionaba como marca de shampoo no-más-lágrimas. Me sonreí para mis adentros (no malévolamente, no me malentiendan), y me quedé en el salón. El teacher salió y todos salieron y yo me quedé ahí,  haciéndome la que guardaba mis cosas tarde, la que necesitaba alcanzar a sus amigas que salieron muy rápido. Y ahí estaba él. Se me acercó. Su zapato sonó con el piso. Creo que en ese momento casi se cae. Me dijo que le gustaba y yo miré la puerta. Me dijo que quería que fuera su novia y yo le dije que lo iba a pensar. Se dio media vuelta y yo me encogí de hombros y le dije "Bueno, sí, ya lo pensé. Mi respuesta es que sí". Y salí del salón, como un pavo real que menea sus plumas para que todos lo vean. Tenía novio... por fin.

El pequeño problema es que no había salido de su mano. Lo había dejado en el salón de clases, digiriendo mi rápida respuesta. Lo había dejado solo. Ahora el que estaba pensando era él, no yo. El problema era, entonces, que no sabía cómo comportarme. Al día siguiente, llegué tarde a clases y TODO el salón hizo un "Uuuuuuuuuuuuuuuh" de bienvenida. Yo me quedé con cara de ¿Qué caraj-?, pero no dije nada. La miss dictó las clases sin entender de qué se alegraban y yo entendí que él no pudo cerrar la boca... Menudo chismoso.

Hace poco me lo encontré. Como es verano, se había conseguido un trabajo en un café del centro, cercano a mi casa. Entré, con mis amigas y lo vi. Me sonreí para mis adentros (esta vez, sí, medio malévolamente), porque pensé en esas cosas chistosas que pasamos juntos. Voy frecuentemente a esa cafetería. El viernes último, fui con dos de mis mejores amigas y pasamos el rato. Él se acercó y nos atendió con la mejor de sus sonrisas... Sinceramente, no supe reconocerlo. 

Mi manera de reconocerlo a él sobre sus hermanos era su lunar. Un lunar pequeño al lado derecho de la nariz. Y yo siempre creí que ese lunar hacía pareja perfecta con las pecas que tengo en hombros y cuello. No muchas, pero para mí eran un complemento. No sé por qué. Pero ahora... ¡no le encuentro ningún lunar!. Ahora no sé si saludarlo a él o a su hermano o a su otro hermano. Por ahora sólo me limito a decirle "Hola", sin agregar ningún nombre. 

Confundirlo sería muy injusto.

... Damn you, karma.

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