Porque ella esperaba a su príncipe azul. Ella esperaba a su príncipe encantador, a un hombre de bien que se parezca a su padre: Recto, honrado, diferente a todos los hombres del mundo. Su padre, quien había sido su mejor amigo durante años, era el molde exacto de lo que debía de ser su príncipe. ¿Pero qué príncipe? ¡Su Beatle! Claro que sí. Debía de ser su chico. Su novio. Su Beatle.
Y después de un sinnúmero de idas y vueltas, lo había encontrado. Parecía tener el perfil ideal. Bueno, no era exactamente el chico que necesitaba, pero tenía un buen corazón, y para ella, eso era ya bastante.
Estaba en la cafetería, echando una hojeada al libro de Rowling. Ya lo había leído antes, pero estaba apesadumbrado por la idea de tener que esperar, en especial ese día, ese preciso día en el que le había ido tan mal. Su tía trabajaba en la cafetería y le había prometido hablar con su empleador para que lo contrate. Él no necesitaba más trabajos, claro; pero su madre le había pedido fervientemente que asista a la cafetería. Ingresó a la universidad, con un sweatshirt. "Another brick in the wall", rezaba la prenda. Llevaba puestos los audífonos e inmediatamente ubicó la cafetería. Llegó y se sentó en una banca, en cuanto su tía le hizo una señal de espera. Ya había pasado cerca de media hora, y su impaciencia estaba llegando a la cumbre, cuando alzó la vista para destruir el reloj con la mirada. Con ese carácter y el humor de los cinco mil demonios, más le valía a su tía darse prisa, o se largaría. Pero algo se interpuso en su camino para encontrar la hora: Una chica de mediana cabellera estaba de pie, hablando, justamente, con su tía. Leyó sus labios "Un espresso, por favor". Frunció el ceño y encogió sus hombros, escondiendo su cabeza entre sus clavículas. Sus ojos apenas sobresalían por encima del grueso material. La portada le servía de escudo. La muchacha se movía cual libélula, moviendo su pie insistentemente, al mismo tiempo que esperaba, de pie, su pedido. Llevaba su cabello trenzado de una forma angelical, y el pelo, recogido, le caía por el hombro izquierdo. Sólo una pregunta se asomó a su mente: ¿Quién es?. Estaba en un minúsculo lago de pensamientos, cuando algo enturbió su estadío: Su mirada se cruzó con la de ella. ¿Hacía rato que lo miraba? ¡Demonios! ¿Cómo no se dio cuenta?. Se hizo el bobo y agachó la mirada, murmurando con los labios alguna letra de canción que desentonaba por completo con la pista que transmitían sus auriculares en esos instantes.
Nunca había sido importante. Algunas calificaciones sobresalientes, un par de proyectos buenos y ciertas medallas de oro, plata o bronce estaban dentro de sus mayores logros; pero no se consideraba realmente imprescindible en algo. Era una persona irrelevante. Pero al menos, tenía la certeza de haber estado rebuscando en su mente toda la noche, y haber llegado a la conclusión de que no era apresurado salir con ese chico. Después de todo, parecía ser bueno. Un espresso disolvería todas las dudas. Entro a la cafetería apenas tuvo tiempo libre, ya casi al mediodía, y se quedó de pie, pegada a los muestrarios. Sus ojos reflejaban cada rayo de iluminación que se describía detrás del vidrio: Puré, arroz, carne... Arrugó la nariz y pidió a una amable señora su espresso. Un buen espresso. No tardaría, de seguro. Rebuscó en su bolso su móvil y quedó tranquila, luego del mini infarto que le causó el no encontrarlo en primera instancia. Miró el techo y al bajar la mirada, se encontró con un chico observándola con atención. ¿La conocía? ¿Tendría que saludarlo? No tenía ganas de... Oh. Su mirada cambió repentinamente de rumbo y continuó cantando. Lo más probable es que haya sido un trance de esos que te dan cuando una canción te gusta mucho y te quedas pasmado, para luego continuar con normalidad tu vida común y silvestre. Tomó gustosa la taza y se quedó un rato, parada. Comenzó a caminar hacia la puerta, pero necesitaba pasar la lado de el sujeto aquél. Sus pies se movieron con cierta lentitud y el muchacho volvió la mirada hacia ella. Le contestó con una sonrisa dulce, y se disponía a continuar su camino, cuando...
2 comentarios:
Muy buen blog che. Hace poco decidí crearme uno y la verdad es una de las mejores cosas que hay. Cuando quieras pasate. Te sigo sin dudas. Saludos. :)
¡Muchas gracias, Sebas!. Tu blog también me parece genial, felicidades. Me di cuenta de un detalle: tu prosa es corta y mi escritura es larga. De todas formas, me agradó tu blog y me encanta que te haya gustado el mío, pasate todo lo que quieras, es un blog para todos, y: Carpe diem :)
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