11 junio 2011

Unknown.

Esta es una carta a quien es y nunca dejará de ser. No. No es una carta. Siempre que me dirijo a ti, es de la mejor forma que conozco: Escribiendo. Esta vez necesito saber tantas cosas, y sin embargo no quiero saber nada. Quiero saber menos que nada. No necesito explicaciones. No necesito palabras. No necesito nada. Sólo puedo con una sola cosa: Mi alma. Espero que no te enoje que esté escribiendo todo el tiempo sobre tí, pero es que a veces se me hace inevitable. Lo siento muchísimo. Quizás sí te llegue a molestar un poquito, o tal vez te friegue harto el hecho que no tenga nada más interesante que escribir. 


No sé qué te pasó, pero tampoco preguntaré. Sólo sé que hoy me desperté tempranísimo y dije "Bueno, me saldré antes de tiempo de mi práctica de laboratorio, y así podré encontrarme contigo, tal y como quedamos. Tal y como quería yo. Tal y como querías tú". El problema es que me desperté a las 7.30 am con dos cosas: Fuertes dolores menstruales y un mensaje tuyo. No podías. Así de simple. Debería de odiarte, debería de enojarme, debería de hacer mil  y un cosas, pero no. No las haré.

Tampoco quiero restregarte que soy la "buenita", la "heroína". No. Es que tú misma sabes que no puedo conmigo misma. Tú misma lo sabes, y me conoces. Sabes que no puedo permanecer enojada por mucho tiempo. Sabes que los demás pueden verme como alguien inmensamente lista, pero en algunos casos puedo llegar a ser tan despistada que a veces te dan ganas de estrellar mi cabeza contra la pared. Sabes que nunca me enojaría, no contigo. Sabes que mi paciencia tiene un límite tan alto, que es casi imposible tocarlo. Sabes que a veces mis piernas tiemblan. Sabes que lloro por las noches sin que nadie me oiga. Sabes a qué canciones les daría Repeat eternamente. Sabes que tengo miedo, y sin embargo sabes también que no me gusta hacerlo notar.

Hoy nos necesitábamos tanto... Lástima que no podías. No importa. Quizás el jueves, después de anatomía, pueda ir a donde tú quieras que vaya. Puedo ir al centro de la Tierra misma, si quieres que allá nos encontremos. Te esperaré dos horas, tres horas, cinco horas, como la última vez. Te esperaré las horas que sean necesarias, me tomaré cincuenta mil jugos de naranja mientras te espero. Me aguantaré al mesero poniéndome cara de mierda porque ocupo mesa en vano. Me tragaré la bronca y todo por esperarte. Porque, cuando te aparezcas, todo habrá desaparecido. Así como siempre.

... los poderes (¿curativos o destructivos?) de las mejores amigas :)

No hay comentarios.: